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Reflexiones Remember

Un lugar feliz

Hace unas noches soñé con mi libro favorito, aquel que descubrí cuando tenía 12 años. En el sueño sentía lo mismo que la primera vez que lo leí: ese anhelo, esa melancolía en el pecho. Cuando desperté el día era luminoso. Por fin pudimos subir las persianas, y las habitaciones estaban bañadas de luz. Los restos del sueño flotaron en el fondo de mi mente hasta el anochecer: era una sensación curiosa, casi como si pudiera volver al pasado.

Tenía también 12 años, aproximadamente, cuando sucedió otro evento discreto pero poderoso: el Sueño del Anuncio de Perfume.

En 1998 lanzaron un anuncio de Cool Water Woman que mostraba a una joven corriendo desnuda por la playa. El único vídeo que he encontrado está en calidad VHS y es la versión corta del anuncio, pero permite hacerse una idea:

Desde la primera vez que lo vi, me sorprendió lo placentero que era el anuncio. Casi podía sentir la tibieza del sol en contraste con el frescor del agua, y pensar en ello me producía unos agradables escalofríos. La voz susurrante realzaba todas esas sensaciones. Me recordaba a cuando era pequeña y mi madre me secaba el pelo con el secador: yo tiritaba cubierta solo con la toalla, y entonces mi madre me envolvía en el aire cálido y el ruido blanco y mi mente se vaciaba. Este anuncio era muy similar: una experiencia sensorial completa.

Era como ver un primitivo vídeo de ASMR, mucho antes de que esas cosas existieran.

El anuncio debió de impresionarme mucho, porque una noche soñé con él. Yo era la mujer protagonista, y me encontraba en una playa inmensa y luminosa. El agua poco profunda estaba fría, el sol secaba mi piel sin quemarme. Estaba a solas con el cielo infinito y la playa infinita.

No me había dado cuenta hasta ahora, pero la playa infinita dejó una marca indeleble en mi subconsciente, uniéndose a mi paisaje mental. Cuando dejo vagar mi mente, pienso en ella y en seguida me invade la calma. Imagino el cielo azul y mis pies sumergidos en el agua, y solo con eso siento aquel escalofrío. Durante un rato, estoy muy lejos. La ansiedad se va. El tiempo se va.

Es curioso cómo, a veces, ciertas cosas pequeñas (un sueño, una frase amable, el ruido del secador) se quedan contigo.

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La Vida Reflexiones

Lo del confinamiento

Dada la época convulsa que nos está tocando vivir (COVID-19, alerta sanitaria, etcétera etcétera), qué menos que aprovechar las virtudes terapéuticas de la escritura y hacerse un blog.

Confesión: llevo bien lo del confinamiento. Me preocupa mi familia y ojalá salgamos todos de esta de la mejor forma posible; pero estar más en casa, así como concepto, es buenísimo para mí. He descubierto las bondades del teletrabajo, del ejercicio y de cocinar (ojalá haberlas descubierto en otras circunstancias, también). Me quedo en casita, hago mis labores y no pongo en peligro a nadie.

Por desgracia, parece que hay prisa por volver a las rutinas anteriores lo antes posible, cosa que me confunde. ¿Quién iba a querer volver a?…

  • Gastar tiempo, gasolina y dinero en desplazarse al trabajo
  • Tener que llevarse comida o que comprarla
  • Estar lejos de familia/mascotas/plantas prácticamente todo el tiempo
  • Esas reuniones que sí podrían haber sido emails

Nadie, nadie quiere, por dios. Mi mente se agota solo de pensarlo.

Hemos demostrado que trabajando desde casa podemos hacer lo mismo que desde la oficina, o incluso más y mejor. Hemos comprobado (a la fuerza) que la normalidad puede ser diferente. Aprovechemos ese conocimiento.